Todo el mundo o casi todos queremos tener una relación maravillosa, la ideal para mí. Pero ¿cómo quieres tener una relación ideal con alguien cuando la convivencia y el dialogo, es decir la falta de comunicación está muy presente? No hay relación que dure cuando quieres tener siempre la razón, imponer tu visión, criterio y opinión como si fuera la única correcta. ¿Qué ganas con esto? Yo diría que no ganas nada, quizás una satisfacción momentánea de quedar por encima, en tal caso sería una lucha de poder. El mundo sería otro mucho más fácil de vivir si respetáramos la visión y opinión de los demás.

Sé que es complicado ponerse al otro lado de la barrera, no es fácil, sobre todo si uno no tiene costumbre de hacerlo. Esto se llama empatía, comprensión, entendimiento, respeto… pero si no practicas con tu entorno y contigo misma, nunca podrás llegar a esta convivencia basada en la escucha y en el dialogo reflexivo para llegar juntos a una conclusión y a acuerdos.

Todas las relaciones ideales, están basadas en el respeto, la empatía, en el dialogo y en los acuerdos. Si no empatizas no puedes entender a la otra persona, no puedes ver desde su perspectiva la problemática.

En un taller intensivo de fin de semana que hice hace mucho entendí que es ponerse en los zapatos de la otra persona, es decir empatizar, para ver desde su perspectiva. La que impartía el taller dio un ejemplo muy práctico sobre el tema haciendo un ejercicio.
Imagínate que hay varias personas sentadas en círculo y en el centro hay una taza. Cada uno de nosotros deberíamos describir la taza que teníamos delante. Uno decía que era una taza sin asa con un elefante dibujado en ella. Otro decía que era una taza con asa y que el dibujo era una flor. Una veía la taza vacía y la otra persona llena. Dependiendo de donde estaba situada la que observaba.

La taza estaba llena, tenía asa y un elefante y una flor dibujados. Era la misma taza para todos pero cada una la veía desde su perspectiva y creían que la taza era como la veía. Si no te pones en el lugar de la otra persona no puedes ver lo que ve ella. Si no empatizas vas a querer convencer que la taza es tal cual la ves. Quieres tener la razón pero la otra persona también la tiene porque es lo que ve y cree que la taza es cómo la ve.

Hay que pensar que dos personas pueden tener puntos de vista totalmente diferentes con respecto al conflicto o situación que resolver. Pero esto no significa que no se pueda llegar a un acuerdo. Hay que buscar entre las dos personas una tercera visión. Para eso deberás describir tu taza con todo lujo de detalle, escuchar la otra visión y dialogando y reflexionando podéis llegar a un pacto que beneficien a ambos.

Pero ¿por qué nos pasa eso? Porque todo es cuestión de perspectiva y percepción. Podemos tener una visión u opinión objetiva de algo pero la mayoría de las veces, sobre todo cuando hay sentimientos de por medio, nuestras apreciaciones suelen ser subjetivas.
Nuestras experiencias, nuestras creencias, las ideas tenemos sobres las cosas hacen de filtro a la hora de valorar y analizar una situación. También lo hacemos de forma inconsciente basándonos en las normas y reglas que hemos adquirido a lo largo de nuestras vidas. Unas son aprendidas y otras propias.

Si empezamos a poner atención a nuestros pensamientos, nos daremos cuenta que nuestras ideas, la mayoría de ellas, son aprendidas de nuestros padres, de lo que hemos visto, oído, experimentado y normalizado cuando éramos críos y que si no hemos parado en ningún momento de nuestras vidas para cuestionar nuestros pensamientos, lo defenderemos a capa y a espada. Es ahí donde quiero tener la razón. La taza no tiene asa. Mis normas o reglas son tan rígidas que no puedo ponerme en su lugar. Me es imposible ver el asa de la taza.

El dialogo reflexivo hace parte de la relación ideal. Pero antes de entrar en una nueva relación, hay que tener muy claro que los pilares que sostiene una relación sana es el erotismo, la amistad y el cuidado. En ambos sentidos.

Yo siempre digo que todo el mundo tiene algo que aportar. De todo el mundo aprendo. Esto no quiere decir que todas las relaciones son maravillosas y que no hay gente mala suelta. Sí que las hay y algunas veces nos cruzamos con alguna persona que nos hace la puñeta, que no nos respetan, que son egoístas, maleducadas, tóxicas, abusadoras y un largo etc…

Cuando este tipo de persona entra en mi vida me hago 3 preguntas claves:

1 – ¿Me valora y me respeta tal cual soy?
2 – ¿Es generosa, en el sentido amplio de la palabra, o solo se mira el ombligo?
3 – ¿Es dominante? es decir ¿le gusta llevar la batuta, tener siempre la razón, mi opinión no le importa?

No me refiero únicamente a una posible relación de pareja. Tengo este filtro para todo tipo de relación. Como cambié varias veces de ciudad estoy acostumbrada a hacer nuevas amistades y es verdad que cuanto más años tengo, más difícil es. No por la edad sino por lo que aprendí, por lo que experimente y por supuesto que me volvi más exigente. Prefiero calidad que cantidad.

Con 20 años prefería cantidad. Aunque hoy con las redes sociales parece ser que lo ideal es tener a muchísima gente en tu lista de contactos y muchos muchísimos likes. A mí me parece absurdo cuando ni siquiera sé si tengo en mi lista perfiles falsos. Yo no suelo poner nada personal en las RRSS porque prefiero contárselo personalmente a mis amigos y a las personas que me importan.

Lo más bonito es poder compartir, intercambiar ideas sobre lo que toque de turno y si va acompañado con un buen vino, mejor.
En una relación debe prevalecer por encima de todo el contacto visual, táctil, auditivo. Me refiero a mirarse a los ojos, acariciarse como gesto de ternura, decir bonitas palabras, elogiar, reconocer lo positivo de esta persona que te acompaña. Nadie es perfecto. Todos nos equivocamos.

A todos nos gusta que nos apoyen, que nos escuchen, que nos reconozcan, que nos den cariñito, que nos hagan reír, que nos digan cosas bonitas como aquí estoy para ti, pero no hay que olvidar que tiene que ser de ida y vuelta porque la otra persona seguramente estará esperando a que le apoyes también.

Esto para mí es una relación ideal. Pero recuerda que para esto que te he contado hay que aprender a quererse, a apreciarse y a valorarse para poder querer, apreciar y valorar.

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